Castellón

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Castelló de la Plana · Historia y cultura

Ciudad a la medida del hombre

Castelló es una capital mediterránea que ha sabido reinventarse, evolucionar y modernizarse sin renunciar a su cultura, su lengua y sus tradiciones. El centro histórico conserva símbolos esenciales, a solo unos kilómetros del mar y del distrito marítimo del Grau.

De villa amurallada a ciudad moderna

En Castelló apenas se adivinan los trazos del recinto amurallado fundacional: pronto fue desbordado por los arrabales. A partir del siglo XVII, la ciudad comienza a cambiar de ritmo, de escala y de paisaje.

Siglos XVII–XVIII

La Plaza Mayor como gran escenario urbano

El crecimiento económico (con el impulso de la economía del cáñamo) acompaña una transformación urbana decisiva. Se culmina el campanario de El Fadrí (1604), se amplía Santa María y se inician obras clave como la Lonja del Cáñamo y el nuevo Ayuntamiento. La Plaza Mayor se consolida como espacio unitario, concentrando vida cotidiana y los principales edificios: poder civil y poder religioso frente a frente.

Dato curioso: La Plaza Mayor no es solo “una plaza”, es una decisión de ciudad: unificar y ordenar el espacio para que la vida urbana tenga un centro amplio y reconocible.
Siglo XIX

Crecimiento, naranja y modernidad

La ciudad crece de forma continuada y se aproxima a la forma que reconocemos hoy. Aumenta la población y el paisaje rural y periurbano se transforma con el auge del cultivo de la naranja en la Plana. Castelló obtiene la capitalidad provincial (1833) y, en un contexto de amenazas carlistas, vuelven a levantarse murallas con fines defensivos (1837). La vida urbana se adapta a nuevas ideas y a una burguesía emergente.

Dato curioso: El XIX introduce un transporte muy recordado: el pequeño tranvía local y metropolitano conocido como “La Panderola”.
Siglo XX

Ensanches y planificación

Castelló continúa creciendo y aparece una preocupación clara por planificar el urbanismo. Los ensanches ordenan la expansión y conectan el núcleo histórico con los nuevos barrios. La ciudad se moderniza, pero mantiene un carácter cercano: una capital mediterránea “a escala humana”.

Dato curioso: Aun con la modernización, la ciudad conserva una identidad tranquila y amable: el centro, la huerta cercana y el mar a pocos kilómetros hacen que todo parezca “a mano”.

Orígenes: de la Magdalena al llano

El relato fundacional de Castelló nace del traslado. Una comunidad que no olvida sus primeros pasos es una comunidad viva, capaz de continuar construyendo su futuro.

El asentamiento originario se vinculaba al cerro de la Magdalena, donde se encuentran las ruinas del Castell Vell. El 8 de septiembre de 1251, Jaume I autoriza el traslado de la villa a la llanura, buscando un lugar más apropiado. La memoria tradicional sitúa el traslado en el tercer domingo de Cuaresma de 1252.

Ese recuerdo se mantiene vivo en las fiestas fundacionales mediante la romería a la ermita de la Magdalena. En los siglos medievales, Castelló tuvo un carácter plenamente urbano, con fuerte peso artesano y comercial, mientras la agricultura crecía con los sistemas de riego y las aguas del Mijares.

1251

Autorización del traslado

El documento habilita el paso del emplazamiento originario a la llanura.

1252

Memoria tradicional

El traslado se sitúa en Cuaresma: base del calendario fundacional.

1260

Camino hacia el mar

Se autoriza un camino que une la villa con el mar: origen del Grau.

1284

Autogobierno municipal

La villa obtiene órganos municipales propios.

Mitología y leyendas: el otro patrimonio

Además de edificios y plazas, Castelló guarda un patrimonio intangible: relatos que pasan de generación en generación y explican la ciudad desde la imaginación popular.

En la memoria local viven figuras como Tombatossals y Bufanúvols: personajes que forman parte de una mitología propia, de ese modo mediterráneo de contar la ciudad a través de historias. Son leyendas que acompañan a las tradiciones y refuerzan el orgullo de pertenencia.

Patrimonio inmaterial · Cultura popular castellonense

Plaza Mayor: el diálogo entre dos poderes

En Castelló, la Plaza Mayor no es solo un lugar de paso: es una idea urbana. Aquí se concentra la vida pública y se entiende la ciudad con un vistazo.

La gran transformación hacia la ciudad moderna se reconoce en un gesto concreto: reunir en un único espacio los edificios que representan los pilares de la villa. Frente al poder civil, el poder religioso; entre ambos, el pulso cotidiano: mercado, encuentro, conversación y tradición.

Por eso la Plaza Mayor funciona como escenario y como símbolo. Es el lugar donde la ciudad se mira a sí misma: donde se celebran los momentos importantes, donde empiezan las rutas del centro y donde el patrimonio deja de ser “monumento” para convertirse en vida.

Castelló: cerca, mediterránea, viva

Una ciudad que recuerda su origen y celebra su identidad: del centro histórico al Grau y al entorno, todo queda a un paso. Empieza por el patrimonio, sigue con la cultura y termina con el mar o la naturaleza.

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